The Travel Foodie

Encanto Fuego y Mar, la nueva cocina de brasas en Polanco

La nueva propuesta de Encanto Fuego y Mar encuentra el equilibrio entre la intensidad del fuego, la frescura marina y el placer de compartir.

Por: Fernanda Meza 

En una ciudad donde constantemente aparecen nuevas propuestas gastronómicas, conseguir que un restaurante tenga una identidad propia no es una tarea sencilla. Encanto Fuego y Mar apuesta por una combinación que, aunque parte de dos elementos conocidos —el fuego y los productos del mar—, busca llevarlos a la mesa desde una perspectiva contemporánea y pensada para compartir.

Durante la presentación de su nueva propuesta, el chef Edgar Trejo mostró un menú en el que las brasas tienen un papel importante, pero no necesariamente como protagonista absoluta. El fuego aparece como una herramienta para transformar ingredientes y añadir profundidad, mientras que la frescura funciona como contrapunto.

También te puede interesar leer: Hotel Matilda cumple 16 años y convierte Polanco en una noche de San Miguel 

Hotel Matilda cumple 16 años y convierte Polanco en una noche de San Miguel

La experiencia comenzó con una bebida de bienvenida y algunos acompañamientos para abrir el apetito. Entre ellos, el cóctel Chichén Itzá destacó por su carácter refrescante, preparando el paladar para los primeros tiempos.

El recorrido gastronómico comenzó con un aguachile de camarón rojo a la brasa con chiltepín. Lo interesante de esta preparación está precisamente en llevar un producto que solemos asociar con la frescura y la acidez del aguachile hacia el terreno de la brasa. El camarón adquiere una dimensión diferente sin perder su esencia marina. El pepino, el aguacate y el cilantro ayudan a mantener ligereza, mientras el chiltepín introduce el picor de manera gradual.

También te puede interesar leer: Cena en las alturas: los sabores de NH Collection Guadalajara

Cena en las alturas: los sabores de NH Collection Guadalajara

Después llegó el taco de rib eye con frijoles, costra de queso, pico de gallo y nopales encurtidos. Es un plato más contundente, pero la combinación está pensada para generar contraste. La grasa y profundidad de la carne encuentran equilibrio en la acidez de los nopales, mientras la costra de queso aporta una textura crujiente que cambia la experiencia del bocado.

Los langostinos al grill con salsa tatemada roja y chile de árbol vuelven a colocar al fuego en primer plano. La salsa aporta notas tostadas y un picor moderado, pero permite que el langostino conserve su protagonismo. Es una preparación que muestra cómo una salsa de carácter puede acompañar un producto delicado sin necesariamente esconderlo.

El plato fuerte fue un New York al ajillo, servido en término medio y acompañado de puré de papa. Aquí la propuesta se vuelve más intensa: el ajo y el chile guajillo aportan aromas profundos y especiados, mientras el puré funciona como un elemento de suavidad. La combinación se acompañó con un vino tinto de la casa, un blend ensamble que acompaña adecuadamente la intensidad del plato.

Uno de los aspectos que más se perciben a lo largo del menú es el interés por trabajar los contrastes. Hay preparaciones intensas seguidas por elementos frescos; sabores grasos acompañados por acidez y picante; productos del mar tratados con fuego y carnes acompañadas por componentes que buscan aligerar el conjunto.

El cierre llegó con dos propuestas dulces. El pastel de zanahoria con caramelo salado y piñón juega con las notas tostadas y la combinación entre dulce y salado. Por otro lado, el pastel de crepas y fresa con coulis de fresa y pétalos de rosa ofrece un final más delicado, donde la fruta tiene un papel fundamental.

Más que intentar convertir cada plato en una demostración técnica, la propuesta parece encontrar su fortaleza en algo más sencillo: hacer que el producto sea reconocible y que las técnicas utilizadas aporten, en lugar de competir con él.

Y quizá ahí se encuentra el verdadero punto de encuentro entre el fuego y el mar. Uno aporta intensidad, transformación y profundidad; el otro, frescura, delicadeza y contraste. En Encanto Fuego y Mar, ambos elementos aparecen a lo largo del menú como dos lenguajes diferentes que buscan conversar en un mismo espacio.

La experiencia deja la impresión de una cocina diseñada para disfrutarse acompañada: platos para colocar al centro, sabores que invitan a probar un poco de todo y una propuesta que combina el carácter de las brasas con ingredientes de perfil más fresco.

Encanto Fuego y Mar no intenta reinventar la cocina desde cero; propone, más bien, encontrar nuevas posibilidades en una relación tan antigua como la propia cocina: la que existe entre el producto y el fuego.