DestinosTurismo

Costalegre: una travesía por la otra orilla de Jalisco

De Boca de Iguanas a Punta Pérula,  vive una ruta entre playas, aguachiles y pequeños refugios que revela el carácter de Costalegre, Jalisco.

Por: Héctor Meza

El viaje comienza en el Aeropuerto Internacional de Manzanillo-Costalegre, en Colima. Desde ahí, la carretera se interna en Jalisco entre curvas, vegetación tropical y apariciones fugaces del Pacífico.

En esta franja costera, los pueblos pesqueros y las playas poco concurridas ofrecen una alternativa a los grandes corredores turísticos. La aventura está en descubrirlos.

Boca de Iguanas: aguachiles frente al océano

La primera parada es WanaWana Beach Club, en Boca de Iguanas. El  viento sacude las palmeras y el oleaje impone su presencia sobre una playa de varios kilómetros.

Entre techos de palma y una alberca con vista al mar, encontramos un buen sitio para disfrutar del paisaje sin enfrentarnos a las olas. Porque aquí el Pacífico no entiende de nadadores demasiado confiados.

A la hora de comer llega un aguachile de camarones con pepino, cebolla morada y aguacate. La acidez y el picante hacen lo suyo. Una pequeña flor corona el plato, como recordatorio de que, en estos tiempos, hasta los camarones deben posar para Instagram.

Después del almuerzo, continuamos hacia el norte.

Punta Pérula: la vida sin escenografías

En Punta Pérula, las lanchas descansan cerca de la orilla y los pequeños comercios acompañan la vida cotidiana de una comunidad pesquera.

Recorremos la playa y sus calles, donde vecinos y visitantes comparten el espacio sin demasiadas ceremonias. Nada parece montado para impresionar al turista, y eso se agradece en una época donde hasta la espontaneidad suele venir cuidadosamente producida.

Casa Tilmacalli: un refugio entre árboles

Tras el paseo llegamos a Casa Tilmacalli, un hotel boutique de 15 habitaciones, a pocos minutos de la playa.

Su arquitectura combina muros blancos, celosías de barro y techos de palma. Las habitaciones son cómodas y el patio central alberga una piscina rodeada de vegetación, punto de encuentro para quienes prefieren prolongar la tarde.

El hotel también dispone de restaurante y funciona como base para explorar los alrededores, aunque una vez instalado junto al agua, salir requiere cierta negociación con la voluntad.

Las Pérula: pizzas y sobremesa

Al anochecer visitamos Las Pérula, una pizzería al aire libre con bancas de madera bajo los árboles y pequeñas luces que acompañan la cena.

Entre rebanadas y conversaciones, la velada adquiere un aire familiar. Viajar hasta la costa de Jalisco para comer pizza podría parecer un desvío gastronómico, pero después de un día de playa nadie está en condiciones de discutir con una buena masa recién horneada.

Lo que permanece

A la mañana siguiente, una última caminata por la playa precede el regreso. El pueblo comienza su jornada mientras nosotros recogemos las maletas.

Conservar el carácter de esta región también depende de cómo la visitamos: respetar sus ecosistemas, evitar residuos y consumir en los negocios locales son gestos tan necesarios como poco fotogénicos.

Nos marchamos con sal en la piel, el picor del aguachile en la memoria y la impresión de haber conocido una costa que no necesita reinventarse para recibir visitantes.

Costalegre tiene una cualidad poco común entre los destinos turísticos: no parece preocuparse por impresionarnos. Y quizá por eso consigue quedarse tanto tiempo en la memoria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *