Ciudad de México: ¿entre mala planificación o turismofobia?
Héctor Meza habla sobre lo que atrae la turismofobia y hace una reflexión sobre si realmente, hoy es un problema en México.

Por: Héctor Meza / Roomservice
La Ciudad de México fue escenario, por primera vez, de una marcha contra la gentrificación. Más que una protesta común, fue la expresión de un creciente descontento: el aumento en los precios de renta, el desplazamiento de comunidades locales y una sensación generalizada de que vivir dignamente en la capital se ha vuelto un privilegio.
Las razones detrás de esta realidad son muchas. Algunas se arrastran desde hace décadas: malas decisiones urbanas, falta de regulación inmobiliaria, poca inversión en zonas marginadas y una planeación territorial que parece responder más a la inercia que a una visión sostenible. Pero de ahí a responsabilizar completamente a los turistas extranjeros —en especial a los estadounidenses— hay una distancia que deberíamos medir con más cuidado.

Resulta preocupante que el enojo se traduzca en vandalismo o en actos de hostigamiento, como ocurrió con el influencer Luisito Comunica, quien fue increpado mientras caminaba por la zona simplemente por ser una figura pública que promueve el turismo. Culparlo de ser parte del problema resulta tan absurdo como peligroso. No es turísticamente responsable, ni socialmente justo.
Antes de caer en simplificaciones, conviene detenernos a entender el término que algunos ya empiezan a utilizar: turismofobia. Este fenómeno se refiere al rechazo —a veces hostil— de una comunidad local hacia los turistas, especialmente cuando el turismo masivo afecta negativamente su calidad de vida.
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La primera vez que se acuñó el término fue en 2008, en Barcelona, cuando la población comenzó a resentir la presión de un modelo turístico desbordado.
¿Está pasando algo similar en Ciudad de México? Es posible. Y si es así, el gobierno capitalino debería repensar una estrategia que redistribuya la demanda turística, descentralice el desarrollo y mitigue la saturación de ciertas zonas.
El reto está en lograrlo sin criminalizar al visitante, ni generar un ambiente hostil para quien, con buena voluntad, decide conocer el país.
Porque no se trata de promover un turismo sin límites, pero tampoco de alentar el acoso a quienes viajan. México, según la Organización Mundial del Turismo, es el sexto país más visitado del mundo. Y es ahí donde debemos empezar a preguntarnos cómo gestionar ese interés sin que se convierta en carga.
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El punto de partida puede estar, también, en nuestra propia actitud: muchas agencias han señalado, reiteradamente, los malos tratos que reciben los turistas al llegar al país. No basta con quejarnos del vecino del norte si no mejoramos nuestras propias prácticas.
Y si al final esto no se trata sólo de turismofobia, sino de una bomba urbana que lleva décadas encendida, retomo una reflexión que me compartió alguna vez el Premio Nobel de Química, Mario Molina, al terminar una entrevista:
“La Ciudad de México nunca estuvo pensada para tener edificios de más de cinco pisos.”
Quizás ha llegado el momento de dejar de culpar al turismo, y comenzar a exigir políticas públicas que realmente respondan a la pregunta de fondo: ¿cómo queremos vivir en esta ciudad?

Héctor Meza es director editorial de la revista The Travel Citizen. Tiene más de 5 años ejerciendo como periodista y ha colaborando en medios como Aristegui Noticias, Milenio, El Financiero, SDP Noticias y Acustik Noticias.
