Sustainable & Social Tourism Summit cumple 10 años con un llamado a replantear el éxito turístico
La décima edición reúne en CDMX a gobiernos, empresas y comunidades para debatir el futuro del turismo sostenible.

Por Héctor Meza
Diez años después de que hablar de sostenibilidad en turismo todavía podía considerarse un asunto complementario, el Sustainable & Social Tourism Summit inauguró su décima edición con una advertencia que atravesó buena parte de la jornada: contar turistas ya no basta para medir el éxito de un destino.
La cumbre abrió actividades en Ciudad de México reuniendo a autoridades turísticas nacionales e internacionales, empresarios, hoteleros, académicos, especialistas, comunidades y organismos de distintos países para discutir durante tres días los desafíos que definirán la siguiente etapa de la industria.
El encuentro llega a su primera década en medio de un escenario considerablemente distinto al de sus comienzos: emergencia climática, estrés hídrico, pérdida de biodiversidad, presión sobre los territorios, conflictos entre visitantes y residentes y, al mismo tiempo, una revolución tecnológica encabezada por la inteligencia artificial.
“No confundamos crecimiento turístico con desarrollo turístico. No son lo mismo”, sostuvo Fernando Mandri Bellot, presidente del Sustainable & Social Tourism Summit, durante el mensaje inaugural.
La diferencia, explicó, está en aquello que permanece en los destinos una vez que los indicadores de llegadas, ocupación y derrama económica dejan de ocupar el centro de la conversación.
“El crecimiento se puede medir en llegadas, habitaciones, pasajeros, ocupación y derrama económica; pero el desarrollo se mide en oportunidades, calidad del empleo, empresas locales que prosperan, mujeres y jóvenes que participan, comunidades que permanecen en sus territorios, ecosistemas que se conservan y patrimonio que no desaparece”, señaló.

Del número de turistas a lo que el turismo deja
La pregunta propuesta por Mandri para esta edición resume buena parte del cambio de paradigma: ¿qué deja realmente el turismo en el lugar que visita?
No sólo cuánto dinero genera, sino si produce mejores empleos, infraestructura, capacidades locales y conservación del patrimonio; o si, por el contrario, incrementa la presión sobre el agua, los residuos, el tránsito, la vivienda y el costo de vida.
La reflexión adquiere particular relevancia cuando algunos de los destinos más visitados del mundo comienzan a discutir abiertamente los límites de su crecimiento.
De ahí que la agenda de la décima edición incluya debates sobre límites a la afluencia turística, financiamiento sostenible y regenerativo, turismo rural y comunitario, hotelería, conservación, acción climática, innovación, tecnología y políticas públicas.
“Hace diez años comenzamos este camino convencidos de que otro turismo era posible. Hoy cambiaría ligeramente esa frase: otro turismo ya no solamente es posible, es necesario”, afirmó Mandri.
Inteligencia artificial, pero también inteligencia colectiva
La tecnología tendrá un peso especial durante esta edición. La inteligencia artificial ya permite analizar grandes volúmenes de información, anticipar comportamientos, personalizar viajes, optimizar operaciones hoteleras y gestionar flujos de visitantes.
Sin embargo, para el presidente del Summit, disponer de destinos más inteligentes no garantiza por sí mismo sociedades mejores.
“Podemos utilizar inteligencia artificial para conocer mejor al turista, pero necesitamos utilizar nuestra inteligencia humana para comprender mejor a las comunidades”, sostuvo.
El planteamiento coloca una paradoja en el centro del encuentro: en la edición con mayor presencia de tecnología de la historia de la cumbre, la discusión regresa deliberadamente a las personas.
La siguiente década del turismo, advirtió, no dependerá solamente de incorporar inteligencia artificial, sino de contar con la “inteligencia colectiva” necesaria para decidir con qué propósito utilizarla.
Turismo comunitario, eje de la política federal
Durante la ceremonia inaugural, la secretaria de Turismo de México, Josefina Rodríguez Zamora, aseguró que la sostenibilidad y el turismo comunitario forman parte de la política turística del Gobierno federal y defendió la actividad como una herramienta para generar “prosperidad compartida”.

La funcionaria destacó que el turismo comunitario fue declarado de interés público por el Gobierno de México durante 2026, una decisión que busca articular el trabajo de distintas dependencias federales alrededor de este modelo.
Como parte de la estrategia, informó que se han otorgado más de 940 distintivos comunitarios a prestadores y actores que tradicionalmente permanecían fuera de los circuitos turísticos convencionales, entre ellos comunidades pesqueras, artesanos, cocineras y personas involucradas en la conservación de áreas naturales.
Rodríguez Zamora adelantó además la próxima presentación de una Guía de Experiencias Turísticas Comunitarias, cuya primera etapa abarcará 15 estados.
De acuerdo con la secretaria, una convocatoria inicial reunió 1,385 propuestas, de las cuales fueron seleccionadas 286 experiencias después de un proceso desarrollado en campo con una metodología realizada junto con UNESCO.
La premisa, insistió, es que sean las propias comunidades las que decidan si desean incorporarse al turismo.
“El turismo no se impone, y mucho menos en las comunidades”, sostuvo.
La estrategia prevé acompañar esas experiencias con capacitación, digitalización, infraestructura y esquemas de comercialización, además de un trabajo posterior con Fonatur para fortalecer destinos comunitarios y cadenas productivas locales.
Nuevas reglas para la inversión turística
Otro de los anuncios destacados de la inauguración fue el avance de un decálogo de inversión turística sustentable, elaborado por la Secretaría de Turismo en coordinación con autoridades ambientales y otras dependencias.
El mecanismo busca incorporar criterios concretos a los nuevos proyectos turísticos, entre ellos manejo de agua y residuos, eficiencia energética, economía circular, generación de empleo local y participación de proveedores mexicanos.
Rodríguez señaló que el objetivo no es frenar la inversión, sino modificar la manera en que ésta se integra al territorio.
El planteamiento parte de una realidad cada vez más evidente para la industria: un desarrollo turístico puede generar habitaciones y visitantes y, al mismo tiempo, deteriorar las condiciones del lugar que lo sostiene.
“Claro que seguimos atrayendo inversión, pero una inversión que deje algo a la comunidad”, afirmó la secretaria.
Mandri llevó el argumento también al terreno empresarial.
“La sostenibilidad no está en contra de la rentabilidad. Hacer sostenibilidad puede ser caro, pero no hacerla puede ser todavía más caro”, señaló.
El desperdicio de energía y agua, la degradación de los destinos o la pérdida de confianza de una comunidad, añadió, constituyen también riesgos económicos.
Desde esa perspectiva, la sostenibilidad deja de entenderse únicamente como responsabilidad social o reputación corporativa para convertirse en eficiencia, innovación, gestión de riesgos, competitividad y “licencia social para operar”.
El turista también tendrá que cambiar
La responsabilidad, sin embargo, no quedó limitada a gobiernos y empresas.
El Summit puso también la mirada en el comportamiento de los viajeros, bajo la idea de que cada decisión de consumo contribuye a determinar qué modelo turístico prospera.
Dónde dormir, qué comprar, a quién contratar, cómo desplazarse y de qué manera relacionarse con una comunidad son también decisiones que producen consecuencias.
Rodríguez Zamora aseguró que, según un estudio de segmentos realizado por Sectur con la academia, 40% de los turistas que llegaron a México en 2026 mostraron entre sus motivaciones el interés por conocer una experiencia sustentable, involucrarse con la cultura del destino o sentir que su visita contribuye a la conservación ambiental.
La sostenibilidad, sostuvo, dejó así de ocupar el último lugar en el diseño de una experiencia para convertirse en uno de sus principales atributos.
Una cumbre con alcance internacional
A lo largo de diez ediciones, el Sustainable & Social Tourism Summit ha reunido, de acuerdo con cifras presentadas durante la inauguración, a participantes procedentes de 50 países de cinco continentes, más de 5,000 profesionales, alrededor de 390 conferencistas y más de 370 representantes de medios de comunicación.
En la ceremonia participaron también representantes de distintas entidades mexicanas y delegaciones internacionales de países como Chile, Nicaragua, El Salvador y Panamá.
El embajador de Chile en México destacó precisamente la necesidad de convertir la sostenibilidad en una política de largo plazo y compartió la experiencia del programa chileno Transforma Turismo, desarrollado durante una década para elevar el valor y la sofisticación de la industria turística mediante la colaboración entre instituciones, empresas, gremios, academia, municipios y equipos técnicos.

El diplomático recordó además los esfuerzos de Chile para administrar la actividad turística en territorios particularmente vulnerables, como Rapa Nui y el archipiélago Juan Fernández, donde la discusión sobre capacidad de carga y conservación dejó de ser teórica hace tiempo.
Reconocen proyectos de turismo responsable
La apertura sirvió también de marco para la quinta edición del Premio al Turismo Sostenible y Social en Iberoamérica, que reconoce proyectos e iniciativas con potencial para transformar la actividad turística.
Este año se recibieron 63 postulaciones procedentes de 13 países, distribuidas en seis categorías.
En Investigación Académica, el jurado determinó un empate entre dos proyectos: una propuesta para desarrollar caminatas culturales y naturales en una comunidad de Guatemala y una investigación sobre turismo inclusivo y la experiencia de la comunidad LGBTIA+ dentro del mercado laboral hotelero de Mazatlán, Sinaloa.
Los reconocimientos buscan visibilizar experiencias que puedan convertirse en referencia para otros territorios y demostrar que la sostenibilidad puede traducirse en modelos concretos de gestión.
La pregunta para los próximos diez años
Más allá de las cifras conmemorativas, el décimo aniversario quiso evitar convertirse exclusivamente en un ejercicio de nostalgia.
Los próximos días estarán dedicados a discutir nuevas narrativas para el turismo, financiamiento sostenible y regenerativo, modelos comunitarios, hotelería responsable, tecnología, inteligencia artificial, conservación, cambio climático y gestión de destinos.
Pero detrás de todos los paneles permanece una pregunta mucho más incómoda.
No qué turismo queremos vender; ni siquiera cuántos turistas queremos recibir. Sino qué turismo queremos dejar.

“Los grandes cambios casi nunca comienzan con una respuesta. Comienzan con una buena pregunta”, concluyó Mandri.
Después de diez años intentando colocar la sostenibilidad en el centro de la conversación turística, el Summit comienza su segunda década con una tesis más exigente: el futuro del sector no consistirá solamente en conseguir que más personas viajen, sino en demostrar que es posible hacerlo sin disminuir el valor de los lugares que hacen posible el viaje.
