Las Vegas y AVIAREPS llevaron a la industria turística al corazón de la Fórmula 1 México
Desde el Paddock Club del Autódromo Hermanos Rodríguez, los invitados vivieron una experiencia de lujo, adrenalina y hospitalidad que anticipa la emoción del Gran Premio de Las Vegas en noviembre.

Por: Héctor Meza
El aire olía a velocidad. No a gasolina ni a caucho quemado —aunque también—, sino a esa mezcla de expectativa y vértigo que solo el Gran Premio de México puede provocar.
A lo lejos, el Autódromo Hermanos Rodríguez respiraba como una bestia dormida. Y cuando los primeros motores rugieron, despertó.
Ahí, en el epicentro del lujo y la adrenalina, Visit Las Vegas y AVIAREPS México orquestaron una experiencia que trascendía el espectáculo deportivo.
No se trataba solo de mirar autos correr. Era sentir la Fórmula 1 desde el corazón mismo del Paddock Club: un espacio donde la velocidad se viste de etiqueta y el networking se marida con champaña.
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El otro lado de la pista
Desde temprano, los invitados cruzaron los filtros de acceso con esa mezcla de curiosidad y privilegio. En el recorrido por la pista —el Track Tour—, cada curva parecía una promesa. El sol caía sobre la Ciudad de México y convertía el asfalto en espejo.
Más tarde, el Pit Lane Walk les reveló el alma mecánica del evento: mecánicos concentrados, cascos brillando bajo la luz blanca, el aroma metálico de la precisión.

Adriana Muñozcano, Gerente General de AVIAREPS México, encabezaba la jornada junto a Yessica Castillo, Gerente de Relaciones Públicas y Marketing, e Iker Solana, responsable de Turismo y Desarrollo de Negocios. En sus gestos se leía la satisfacción de quien no solo organiza una experiencia, sino que la habita.

“Queríamos que cada persona se llevara algo más que fotos… Queríamos que recordaran cómo se siente vivir Las Vegas… incluso sin salir de México”, dijo Castillo mientras los motores rugían detrás.
El destello de Las Vegas en la Ciudad de México
Dentro de la suite, el tiempo adquiría otra textura. Cocteles con nombres de neón, luces que evocaban la Strip, detalles que olían a desvelo y a espectáculo. Las Vegas no necesitó presentarse: se insinuaba en cada esquina. En cada copa levantada, en cada carcajada.

Era el lujo sin estridencias, el glamour entendido como una forma de hospitalidad. AVIAREPS y Visit Las Vegas lograron lo que parecía improbable: convertir el bullicio del paddock en una postal de alta gama. Afuera rugían los monoplazas; adentro, el murmullo del networking se mezclaba con la emoción contenida.
Una carrera, muchos destinos
El Gran Premio fue también un puente. Allí, entre copas y miradas cómplices, se tejían conversaciones sobre turismo deportivo, sobre nuevas formas de viajar con propósito, sobre cómo convertir cada experiencia en una historia digna de contarse.
