Glow México ilumina el Centro Histórico de Puebla
Glow México, el festival de luz, arte y tecnología cautivó a miles de asistentes en su noche inaugural en los más de 16 edificios que intervino con videomapping.

Por: Héctor Meza
En Puebla, la noche decidió dejar de ser discreta. Se vistió de neón, de historia intervenida y de coquetería tecnológica que no pide permiso: simplemente sucede.
Así llegó Glow México, con acento extranjero —heredado de Eindhoven— pero con ese talento de convertir cualquier importación en espectáculo con carácter propio.
Uno camina por el centro histórico creyendo que viene a ver edificios… y termina siendo observado por ellos. Las fachadas coloniales —tan formales durante el día— aquí se sueltan el corsé: se proyectan, se transforman, se reinventan como si hubieran estado esperando siglos este momento de protagonismo. La arquitectura deja de ser fondo para volverse argumento.

El Centro Histórico de Puebla se convierte en pasarela: más de 16 intervenciones que no solo iluminan, sino que insinúan. Porque la luz, cuando es bien usada, no revela… seduce.
Y ahí están los espectadores —multitud disciplinadamente curiosa— mirando hacia arriba como quien busca respuestas, o al menos una buena historia que contar al día siguiente.
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Hay algo deliciosamente democrático en todo esto: el arte, ese que a veces se encierra en museos con aire acondicionado y silencio incómodo, aquí se vuelve callejero, gratuito y ligeramente descarado.
Nadie paga, pero todos participan. Puebla, por unas horas, deja de ser ciudad para convertirse en espectáculo compartido.
Las proyecciones —unas barrocas, otras casi futuristas— hacen lo suyo: dialogan con muros que han visto pasar virreinatos, revoluciones y uno que otro romance mal resuelto.

Y ahora, como si nada, aceptan ser lienzo de artistas mexicanos y extranjeros que juegan con la luz como quien sabe que la noche es corta, pero intensa.
Y entonces pasa lo inevitable: uno deja de tomar fotos. Porque entiende —con cierta resignación elegante— que no todo se captura.
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Hay experiencias que solo se viven, como este festival que no vino a iluminar Puebla… vino a recordarle que siempre ha sabido brillar.
Glow México no deslumbra: guiña el ojo. Y Puebla, cómplice, responde.
